Soy maratoniana

Hay algo que hace tiempo que quería escribir y guardar por aquí con unas fotos y va a ser hoy el día. Es algo de lo que me siento realmente orgullosa de haberlo conseguido y sobretodo cuando lo he conseguido. Os cuento.

Todo empezó, como empiezan muchas historias, por envidia. Un día paseando por la calle vimos pasar a los corredores de la maratón de Coruña (C42) y entre ellos iba Elena. Ahí la animamos y le grité “para el año voy contigo” porque realmente me daba envidia tal proeza. Pues dicho y hecho. En otro alarde locura y de bravuconadas en grupo, como empiezan otras muchas historias, alentada por Víctor un compañero del BocaSIC (compi de curre) y de Nuria (compi de entrenos y carreras) nos apuntamos. Ahí empieza otra historia.

Una vez apuntadMaratóna sentí presión. Presión porque ahora no era salir a correr parar quitar el estrés del día, ahora era salir a entrenar. El entrenamiento para una maratón lleva su tiempo. Fueron unos 4 meses de muchos kms y con sus “rodadas largas”. Esas tiradas de 20 kms que hacíamos los domingos para ir cogiendo fondo. La presión la sentía cuando por varias circunstancias de la vida (de ahí el orgullo de cuando lo he conseguido) no podía salir a entrenar. Iván era muy pequeño y entre la lactancia (que aún sigo) y lo mal que dormía (y lo mal que duerme todavía pero ya me deja alguna hora seguida de noche) había días que por las horas a la que terminaba la jornada o por puro agotamiento no conseguía salir. Aparte, las rodadas largas nos llevaba la mañana de los domingos que aunque intentábamos salir muy temprano para interferir lo menos posible con la familia, alteraba un poco la jornada familiar.

Y a base de esos pequeños esfuerzos y con alguna carrera intermedia para ir compitiendo en la media distancia (C21 y Vig-Bay) llegó ese 19 de abril de 2015 en la que estábamos situados en la salida en el Obelisco a las 8:30 de la mañana con mi idea de llegar a María Pita sobre las 13:00.

Ahora os dejo que veáis las fotos que ilustran un poco lo bien que lo pasé en la carrera con los distintos personajes de esta aventura:

Tocamos el cielo subiendo el último tramo desde el Obelisco por Riego de Agua hasta la meta en la plaza de María Pita. A pesar de los más de 42 kms que llevaban las piernas ahí podría esprintar. La experiencia valió tanto la pena y me lo pasé tan bien que para el año que viene (salvo circunstancias de fuerza mayor que me lo impidan) ahí estaré en la salida de nuevo… y espero que nuevamente en la llegada con toda esa alegría que conlleva.